El espartano cuaderno cuadriculado

En el trabajo me toca tratar con los llamados cuadernos para asignaturas, esos que tienen un espacio para el título en la parte superior de cada página y una banda o recuadro de color en su perímetro. Sí, los que traen las hojas microperforadas con cuatro taladros. Con esta nueva pista ya sabéis perfectamente a cuáles me refiero: los míticos cuadernos Oxford.

cuaderno-guerrero-antiguo

Hay que reconocer que son muy útiles. El que inventó estos cuadernos sabía bien lo que hacía. Ambas versiones, la monocolor y la multiasignatura, me parecen excelentes.

Retrocedamos. Si fuiste al colegio entre 1960 y 1985 (aproximadamente) es seguro que no utilizaste uno de estos. Tú, igual que yo, utilizaste el espartano cuaderno cuadriculado. Su elaboración no puede ser más simple: un par de tapas de cartulina, una espiral metálica y sus delgadas hojas de papel cuadriculado. Con un poco de suerte tendrás una pequeña línea de tinta que sirve de margen.

¿Cuántas asignaturas tenías?

¿Siete? Pues siete cuadernos en tu mochila. Así de “crudas” eran las cosas. Un cuaderno y un libro de texto para cada asignatura. No había mucho más: eso y un plumier escolar con un par de bolígrafos.

¿Qué diferencia verdad? Si tan sólo hubieramos tenido dos flamantes cuadernos  multiasignatura Oxford no hubieramos necesitado cargar con nada más. Cuatro colores para diferenciar las materias. Y, al llegar a casa, arrancamos las hojas que hemos escrito y las clasificamos en nuestra maravillosa carpeta de anillas. Todo pulcro y ordenado. Así sí.

En nuestro espartano cuaderno tampoco encontraremos correcciones hechas con típex de cinta. Tal vez ni siquiera con típex líquido. Una raya tachando el error y a continuar escribiendo. Con este contexto no me extraña que muchos profesores nos prohibieran utilizar el bolígrafo hasta cierto curso. Con el lápiz no hay excusa para tener el cuaderno hecho unos zorros.

¿Bolígrafos roller Pilot? Muy improbable ¿Bolígrafos borrables? En absoluto. No, ninguno de estos han sido los compañeros de batalla de nuestro espartano y viejo amigo: el cuaderno de papel cuadriculado.

En algún lugar, al fondo de un armario maletero, cubiertos de polvo, descansan cientos de estos espartanos. De tres tipos: los más guarreados, esos que hacen daño a la vista. Los ni fu ni fa. Y por último, representando una reducidísima parte del total, esos cuadernos pulcros, ordenados, limpios, que conservan su portada y la espiral como el primer día. Los de esos chicos de la clase que cuidaban las cosas con tanto mimo que observando sus materiales no podíamos saber si estaban empezando un curso o terminándolo. Con sus hojas perfectamente organizadas y con tinta de varios colores para diferenciar los titulos. Una rareza difícil de encontrar.

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